El camino a mi primer concierto comenzó la tarde de un domingo en la casa de mis padres en el Cerro Alegre de Valparaíso, en el invierno de 1986, mi último año de colegio. Era el año en que el rock argentino había explotado en Chile con una avalancha de canciones de grupos y cantantes con letras en español. Lentamente, habían comenzado a tomarse las principales radios del país.
Si bien el año anterior había escuchado algunas en español que venían principalmente desde el otro lado de la cordillera, fue en el verano del 86 cuando por primera vez una de estas canciones me voló la cabeza: fue la increíble Juegos de Seducción de unos tales Soda Stereo. No podía creer que un grupo que cantara en español sonara de esa manera, igual que la música anglo que había escuchado desde pequeño.
Luego de eso, como una bola de nieve, comenzaron a sumarse al repertorio más canciones de más cantantes y grupos, muchas de ellas publicadas uno, dos o hasta tres años antes en Argentina. Dos discos de Soda (cassettes que comenzaron a sonar sin parar por los parlantes del colegio durante todos los recreos). También estaban los de G.I.T., Virus, Charly García como solista y junto a Pedro Aznar con su disco Tango, Miguel Mateos, Fito Páez y tantos más. Además, descubrí que en Chile también había grupos como Los Prisioneros, con su cassette La Voz de los 80 (de finales del 84) o Aparato Raro, del 85.
Y si tuviera que encontrar un momento definitorio, este llegó la noche del 20 de mayo cuando Soda se presentó por primera vez en el estelar de Canal 13, Martes 13, con esos atuendos estrafalarios, cadenas colgando de sus cinturas, sus raros peinados y Gustavo Cerati cantando en vivo sobre las pistas grabadas de Te Hacen Falta Vitaminas, Cuando Pase el Temblor, Nada Personal y la versión extendida de Sobredosis de TV.
Esa noche fuimos miles los que los vimos y quedamos impactados con la imagen del trío, dando origen a lo que unos meses después se transformaría en la Sodamanía. Radio Concierto se sumó al fenómeno y todos los domingos por la tarde comenzó a transmitir Argentina Rock, un programa conducido por Lalo Mir desde Argentina contando las últimas novedades musicales provenientes desde el Atlántico.
Y en eso estábamos cuando llegó esa tarde invernal. Yo escuchaba el programa de Lalo Mir en el equipo de música de mi papá, en el living. Mi hermano lo escuchaba en otro lugar de la casa. De pronto, comenzaron a sonar los acordes iniciales de Danza Rota y el conductor lanzó el notición que todos queríamos oír: Soda había anunciado su primera gira latinoamericana, la última parte de su tour Nada Personal, y que los traería a Chile en noviembre de ese año. Serían cinco conciertos en el ex Estadio Chile en Santiago y uno en el gimnasio Fortín Prat de Valparaíso.
«Apenas lo escuché, todo a mi alrededor se aceleró. Subí la radio al máximo, al mismo tiempo que mi hermano llegó corriendo y comenzamos a saltar y gritar mientras nos abrazábamos y cantábamos a todo pulmón la canción de Soda. ¡Qué felicidad más grande!»
Y de ahí no recuerdo nada más: quién compró las entradas, cuándo, dónde... nada. Solo recuerdo estar llegando al gimnasio la tarde del sábado 22 de noviembre, al primer concierto de mi vida, mi primer Free Concert.
Adentro, el gimnasio estaba lleno, a media luz, y en el escenario estaban ubicados los instrumentos. Me impactó la batería Roland de Alberti, con esa forma hexagonal del bombo, ultra futurista. El momento más alto de la efervescencia llegó cuando amenizaban la espera con música y no sé si por error o a propósito, sonó Si No Fuera Por y el lugar casi se vino abajo, adelantando que esa noche sería inolvidable.
Era una locura total, solo faltaba que Soda subiera al escenario. Y cuando por fin lo hicieron, a partir de ese instante los recuerdos se vuelven confusos, como fotografías de momentos que se suceden entre uno y otro sin un orden lógico. Todo pasó muy rápido, con el grupo presentando una mezcla de canciones de sus dos primeros discos, pero sí sé que la primera fue Sobredosis de TV y que en algún momento tocaron Trátame Suavemente.
El resto del concierto creo que estuve en shock. Sí recuerdo muy bien que, al salir, tenía un zumbido en los oídos que jamás había sentido. Además, me acompañó todo el viaje de vuelta a casa, como si mi cuerpo se manifestara negándose a aceptar que el concierto ya había terminado.
El impacto y éxito de la gira fue tan grande que luego serían confirmados como uno de los invitados estelares del próximo Festival de Viña del Mar, pero esa es otra historia...